Olivier Baussan
LOS COMIENZOS
Cuando pienso en mi infancia, lo primero que me viene a memoria es el olor a madreselva. Me acompañaba durante todo el camino que iba de la granja de mis padres al colegio. Tres kilómetros de felicidad olfativa, impregnados por el canto de los campesinos que recogían la lavanda en verano, o cosechaban las olivas en cuanto caían los primeros copos. Estos olores y estos gestos nutrieron definitivamente mi memoria: veinte años más tarde, compré un viejo alambique para elaborar aceite esencial de romero y venderlo en los mercados. L'OCCITANE había nacido.
EL SENTIDO DE LAS TRADICIONES: LOS PRIMEROS JABONES
En la época en que L'OCCITANE empezaba a crear, la elaboración del gran jabón de Marsella estaba a punto de desaparecer. Había utilizado estos jabones durante toda mi infancia, y me preguntaba de qué forma se podría conservar esta tradición. En ese mismo momento, tuve la suerte de encontrarme con un viejo jabonero que me regaló casi toda su maquinaria. Así es como nacieron los jabones de L'OCCITANE con aceites esenciales.
LA APERTURA Y LAS GANAS DE IR MÁS ALLÁ
Como el Durance que desciende hacia Marsella para juntarse con el mar, he ido a la ciudad Foceana, a las puertas del Mediterráneo. Desde allí partí hacia África, en busca de materias primas que están en la composición de los jabones, como el aceite de palma. También descubrí el karité, convertido desde entonces, en uno de los productos estrella de L'OCCITANE. En ese país mi respeto por el prójimo y su diferencia aumentaron, lo que me llevó a comprometer a L'OCCITANE en acciones como el comercio duradero.
